29 tammikuuta, 2010

Paris, otra vez.

La situacion era desesperante. Sabia que era el ultimo dia para verla, despues, ella viajaba, la ultima oportunidad para decirle todo lo que ella ya sabia. A veces era de dia, a veces de noche. Edificios gigantes, perspectivas degeneradas, las paredes de piedra gris se avalanzaban encima mio; todo muy opresivo. El cielo gris, lo unico que estaba en color, muy lavado era ella. Cuando nos quedamos solos en un departamente inclinado, con grandes ventanales hacia la ciudad gris era un tormento horrible, yo decia cosas, pero no salian por mi boca, o a ella nunca les llegaban, o ,lo que es peor, a ella no le interesaba, giraba los ojos, resoplaba, cansada, HARTA de que le repitiera lo que ya sabia. La tortura aumentaba cuando aparecia gente, amigos en comun, de los que se despedia realmente emocionada. El peor momento fue al lado de un rio que no hacia ruido, llovia, saludo a todos, no se si me miro, o si dijo algo, y se fue. Me desperte aterrorizado, atormentado por la tristeza.

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